una casa japonesa de 75 años se transformó en un escondite zen de fin de semana | Compendio arquitectónico

Para Giselle y Philippe, gran parte del encanto de la casa residía en su pátina. Después de todo, fue construido por el fotoperiodista estadounidense de posguerra Horace Bristol (quien había trabajado en la fotografía de John Steinbeck). Uvas de la ira y fue fotógrafo de Toda la vida, y National Geographic en la década de 1950), y tenía toda una historia. “Fue un desafío mantener la mayor parte del pasado y equiparlo con las comodidades modernas que se adaptan mejor a nuestro estilo de vida actual”, reflexiona Philippe. “La casa también está situada en un lugar protegido en un área supervisada por el templo local. Trabajamos muy de cerca con ellos para asegurarnos de que cumplíamos con todas las regulaciones”. La pareja conservó todo lo que pudo del caparazón original, incluidas las vigas de madera, el techo y las pantallas shoji. Lo que no pudieron salvar, como los pisos de madera originales o la estufa a leña, lo reemplazaron usando los mismos materiales para preservar la integridad de la casa original.

“La cocina es donde Philippe pasa la mayor parte de su tiempo porque le encanta cocinar”, dice Giselle, y agrega que solía ser mucho más pequeña y compartía espacio con el antiguo baño. “Rehicimos el diseño para quitar el baño y hacerlo más grande. Está ubicado en el corazón de la casa con puertas laterales que conducen al jardín, donde almorzamos en los días soleados”.

Una cosa que le faltaba a la casa, admite la pareja, era la luz del sol. Y así, junto con Motosuke, planificaron un diseño interior-exterior continuo que abarcara el paisaje circundante. “Una de las cosas que hizo Mandai-san fue colocar ventanas del piso al techo en los tradicionales ranma (paneles de pared), creando la ilusión de un techo flotante e invitando a la luz natural”.

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